Ser matrona es un acto de presencia constante. Estás ahí cuando el mundo cambia para alguien. Estás ahí cuando hay que sostener la vida y también cuando hay que sostener el dolor. Pero, ¿quién sostiene a la que sostiene?
El síndrome de burnout o desgaste profesional no es simplemente “estar cansada”. Es un agotamiento profundo que afecta al cuerpo, a la mente y al sentido de lo que hacemos. En las matronas, este desgaste se ve alimentado por la presión asistencial, la sobrecarga emocional, la falta de recursos, y en demasiadas ocasiones, por una cultura institucional que nos exige dar siempre más… sin frenar nunca.
El burnout no se presenta de golpe. Llega como una niebla espesa que se instala poco a poco: la irritabilidad se vuelve constante, la empatía se apaga, el cuerpo duele. Lo que antes emocionaba ahora pesa. El turno termina y el cansancio no se va. A veces ni siquiera con el sueño, ni con los días libres. Y lo más duro: se empieza a perder la conexión con la propia vocación.
Las matronas no somos invencibles. Trabajamos con lo más delicado del cuerpo y del alma, y esa exposición constante a la intensidad de la vida requiere contención, espacios de cuidado, formación emocional y descanso real. No basta con hablar de autocuidado si seguimos siendo parte de sistemas que ignoran nuestras necesidades básicas como trabajadoras y como personas.
Reconocer el burnout no es una derrota. Es un acto de lucidez y de amor propio. Es darnos permiso para decir: «yo también necesito ser sostenida». Es reclamar lo que nos corresponde: condiciones laborales dignas, equipos humanos que cuiden y se cuiden, y una gestión del trabajo que respete los ritmos humanos, no solo los tiempos clínicos.
Hablar del burnout en las matronas es un acto político y profundamente necesario. Porque el cuidado no puede sostenerse a costa de quienes lo ofrecen.
Si eres matrona y te sientes agotada, no estás sola. Tu cansancio tiene sentido. Tu cuerpo está hablando. Escúchalo.
Y si hoy no puedes sostener a nadie más, que esta frase te acompañe:
Matrona es: preparada para sostener. Pero también para pedir que la sostengan.